De “La magia de las plantas”, de
Ignacio Abella (
El bosque habitado, Radio 3)
Inmenso almendro en flor,
blanca la copa en el silencio de la luna.
el tronco negro en la quietud total de la sombra:
cómo, subiendo por la roca agria a ti,
me parece que hundes tu troncón
en las entrañas de mi carne,
que estrellas con mi alma todo el cielo!
Juan Ramón Jiménez
Se cree originario de las regiones montañosas del sudoeste asiático,
aunque se cultiva desde tiempos inmemoriales en el Mediterráneo. Su
floración, que comienza hacia el solsticio de invierno, ha inspirado
infinidad de poemas y lienzos y esa misma belleza y precocidad le han
servido también para introducirse como ornamental en muchos jardines.
Pocos árboles necesitarán menos cuidado y darán tanto por tan poco. De
sus frutos se obtiene leche y aceite, mazapanes y otros postres; del
árbol se obtiene sombra y refugio, leña y madera y sobre todo un paisaje
que despierta antes que ningún otro a la luz y el calor y el aroma de
las primaveras. Una flor que nace antes de que cualquier atisbo de hoja
presagie el buen tiempo, sobre el leño que, desnudo, aún parece dormido.
Este hecho sin duda tuvo mucho que ver en la rica mitología de éste
árbol y Frazer asegura: “Tenemos por cierto que en la cosmografía frigia
se representaba como un almendro al padre de todas las cosas, quizá a
causa de ser sus delicadas flores sonrosadas uno de los primeros
heraldos de la primavera.
Nombres y variedades
Aunque
hay muchas variedades diferentes, aquí solo distinguiremos las dos
principales, el almendro amargo y el almendro dulce. El primero da todas
sus almendras amargas, en el segundo solo se encuentra una muy pequeña
proporción de amargas y el resto son las almendras dulces que utilizamos
habitualmente. El almendro amargo se usa habitualmente por su mayor
vigor como portainjertos del dulce.
Historia y tradiciones
“El almendro juega un papel bastante importante en los cuentos
populares, en las leyendas mitológicas y en las costumbres de boda. Las
almendras reemplazan generalmente a las nueces y avellanas en las
ceremonias nupciales de los checos. En los cuentos populares de
Casentino y otros países, la almendra reemplaza a la avellana o la nuez
encantada, que oculta algún tesoro maravilloso”. A. de Gubernatis
Sus orígenes, mitológicos fueron largamente explicados en la antigua
Grecia, donde algunas versiones aseguraban que cuando Filis murió por
amor fue transformada en un almendro. Otras cuentan en cambio que cuando
Cibeles enterró a Io, la hija del rey Midas, de su tumba brotó un
almendro. Y por fin otra leyenda cuenta que Zeus eyaculó durante un
sueño y de su semen caído en la tierra, nació Agdistis, un ser
hermafrodita al que los demás dioses castraron por envidia. De su
miembro cortado brotó un almendro y la hija del dios-río Sangario tomó
una almendra del árbol y la puso en su seno. Quedó entonces embarazada y
tuvo a Atis, cuyo nombre frigio significa ‘macho cabrío’, pero también
‘el bello’. Atis fue criado y alimentado por un macho cabrío y cuando se
hizo mayor Agdistis se enamoró de él. Las diferentes versiones que a su
vez narran ésta historia, terminan en tragedia. Atis se castra bajo un
pino y muere. De su sangre surgirán las violetas y Agdistis instituirá
en su memoria una cofradía sacerdotal y una fiesta.
La mitología judía en torno al almendro es extraordinariamente rica.
‘Luz’, tal como suena en castellano es por una extraordinaria
coincidencia el nombre hebreo de éste árbol y de su fruto; y por la base
de un almendro se penetra en la ‘Ciudad de Luz’, una mágica morada de
inmortalidad. El candelabro que manda hacer Yavé, tiene “cálices a modo
de flores de almendro”. Parece hecho a imagen del árbol florido, en su
momento más radiante y luminoso.
“Según la tradición oral de los
esenios, que difiere en muchos aspectos de la información contenida en
el Éxodo, Moisés era hijo de la hija del faraón, no engendrado sino
originado de una almendra que un ángel de Jehová, Dios de Israel, le
entregara secretamente en On-Heliópolis. El faraón envió asesinos para
matar al niño, cuyo nombre real era Osarshiph, pero la partera israelita
lo ocultó en el cesto de cosechar y lo confió a las aguas del Nilo.
Josechebed, esposa de Amram, pastor de Goshen, lo encontró entre los
juncos, lo llamó Moisés, que significa “sacado”, y lo llevó a su casa.
En su juventud Moisés regresó a On-Heliópolis y con una maravillosa
demostración de fuerza e inteligencia atrajo la atención de su abuelo el
faraón, que ignoraba su identidad. Luego Moisés hizo la guerra contra
los etíopes para el faraón; pero cuando las multitudes lo aclamaron, el
faraón, celoso, trató de matarlo. Entonces, por orden de Jehová, Moisés
provocó las diez plagas de Egipto, usando su vara mágica de almendro y
rescató al pueblo elegido de Jehová de su cruel servidumbre en Pelusia”.
(Robert Graves- King Jesús)
Es sin embargo la vara de Arón la
que muchos siglos después de la génesis de la leyenda, continúa
subyugando nuestra imaginación. No manifiesta el poder del báculo de
Moisés, pero sí la vida y la belleza que brotan de un simple palo y
señalan su elección para el sacerdocio:
Habló Yavé a Moisés,
diciéndole: “Habla a los hijos de Israel y haz que te entreguen una vara
cada uno de los príncipes de la casa patriarcal, una por cada una de
las casas patriarcales, y escribe en cada una el nombre de una de ellas.
El nombre de Arón lo escribirás en la vara de Leví, pues cada vara ha
de llevar el nombre del cabeza de cada casa patriarcal. Ponlas todas en
el tabernáculo, delante del testimonio, desde el cual yo hablo.
Florecerá la vara de aquél a quien elija yo, a ver si hago cesar las
quejas y murmuraciones de los hijos de Israel contra vosotros”. Habló
Moisés a los hijos de Israel y todos sus jefes le entregaron las varas,
una por cada casa patriarcal, doce varas; a ellas se unió la vara de
Arón, y Moisés las puso todas ante Yavé en el tabernáculo de reunión. Al
día siguiente vino Moisés al tabernáculo; la vara de Arón, la de la
casa de Leví, había echado brotes, yemas, flores y almendras. (Números
17, 1 a 9)
La tradición islámica verá en la almendra también un
símbolo de realización, de la esencia del alma oculta tras una corteza
inútil: “Cuando el migrador ha alcanzado la certitud personal, la
almendra está madura y la corteza estalla” (Mahmud Shabestari)
Por su parte, el cristianismo, recoge buena parte de éstos sentidos y en
las representaciones medievales, la corteza forma una especie de
aureola que rodea a las figuras de la Virgen María o Jesús.
Las
escuelas místicas han visto en éste fruto el emblema del tesoro, el
misterio escondido, que es preciso descubrir. La luz, la sabiduría que
es preciso alcanzar para alimentar nuestro espíritu.
Cultivo y reproducción
Prefiere tierras francas, más bien calcáreas y profundas. Sin exceso de
humedad. Soporta mal los fríos intensos, especialmente los tardíos en
primavera. Antiguamente se ha usado la variedad amarga, sembrada de
asiento en las lindes, para formar setos o cercados vivos, muy duraderos
en terrenos áridos. Como curiosidad a experimentar, copiamos el sistema
de siembra que propone Herrera: Se siembra en octubre y noviembre y
hasta febrero en sitios fríos. Antes de sembrarlas se tienen en agua con
estiércol 3 o 4 días y otros tantos en agua con miel (que la miel quema
mucho) o con leche. Se ponen con la punta hacia abajo, a un palmo de
distancia y cuatro dedos de profundidad. Las almendras para fruto
también se siembran de asiento, pues de esta manera las raíces
profundizan más y aguantan mejor las sequías. Mediante el injerto, se
consigue que aquellos árboles que dan fruto amargo lo den dulce. Suele
hacerse en primavera, por el sistema de escudete o canutillo para los
árboles jóvenes. Sirve como porta injertos de otros Prunus:
melocotoneros, ciruelos, albaricoques. Otro sistema de reproducción es
el de estaca o barbados que nacen al pie y se arrancan y trasplantan en
invierno. Aunque algunos labradores sostienen que éste cultivo no
precisa abonado, conviene aportar estiércol bien maduro y mantener
cubierto el terreno mediante acolchados, leguminosas, forrajeras o
abonos verdes. La poda adecuada, que durante la formación se hace
normalmente dejando tres ramas principales y la fecundación de éste
árbol (se intercalan para ello pies de variedades diferentes) son
importantes para este cultivo. La temprana floración del almendro es una
verdadera bendición para las abejas, tan necesitadas en éstas épocas.
La recolección se hace a mano o por vareo, cuando la corteza exterior
se abre. Se golpea con cuidado de no dañar a éste árbol sensible a las
heridas. Antes de amontonar las almendras, se asolean extendidas para
que estén bien secas y no se enmohezcan.
Usos y propiedades
En confitería se usa de mil modos. La almendra molida con azúcar es un
postre de origen persa que en al–ándalus se conocía como Faludaj y hoy
llamamos mazapán. El aceite de almendras, que se extrae por presión en
frío, sirve sobre todo en cosmética, para la preparación de cremas y,
perfumado o no, se usa como aceite de masaje. La leche de almendras, se
ha usado en cosmética y alimentación, a veces para sustituir otras
leches cuando se tienen problemas de asimilación. Pero también se ha
usado como condimento para toda clase de platos. Va muy bien con las
carnes y es ingrediente esencial de la salsa romescu. Asimismo se usa
tradicionalmente en Navarra para hacer la salsa espesa de harina, aceite
y almendras, que acompaña los exquisitos guisos navideños de cardo.
Las almendras amargas revisten cierto peligro si se comen en cantidad,
aunque su sabor es un buen efecto disuasivo. Se dice que algunas
personas especialmente sensibles pueden presentar síntomas graves con
sólo ingerir 10 de éstos frutos y pueden morir con 20. Sin embargo se
sostiene también desde antiguo, que 4 o 5 almendras amargas, evitan los
síntomas de embriaguez aunque se abuse del alcohol.
La
madera se usa en ebanistería y torneados, por su dureza y docilidad y
por su grano fino que permite obtener buenos acabados. Con la base de su
tronco se hacían recios mazos de carpintero.