sábado, 28 de junio de 2014

ARBOLARIO: almendro (Prunus amygdalus)

De “La magia de las plantas”, de Ignacio Abella (El bosque habitado, Radio 3)
Inmenso almendro en flor,
blanca la copa en el silencio de la luna.
el tronco negro en la quietud total de la sombra:
cómo, subiendo por la roca agria a ti,
me parece que hundes tu troncón
en las entrañas de mi carne,
que estrellas con mi alma todo el cielo!
Juan Ramón Jiménez

Se cree originario de las regiones montañosas del sudoeste asiático, aunque se cultiva desde tiempos inmemoriales en el Mediterráneo. Su floración, que comienza hacia el solsticio de invierno, ha inspirado infinidad de poemas y lienzos y esa misma belleza y precocidad le han servido también para introducirse como ornamental en muchos jardines. Pocos árboles necesitarán menos cuidado y darán tanto por tan poco. De sus frutos se obtiene leche y aceite, mazapanes y otros postres; del árbol se obtiene sombra y refugio, leña y madera y sobre todo un paisaje que despierta antes que ningún otro a la luz y el calor y el aroma de las primaveras. Una flor que nace antes de que cualquier atisbo de hoja presagie el buen tiempo, sobre el leño que, desnudo, aún parece dormido. Este hecho sin duda tuvo mucho que ver en la rica mitología de éste árbol y Frazer asegura: “Tenemos por cierto que en la cosmografía frigia se representaba como un almendro al padre de todas las cosas, quizá a causa de ser sus delicadas flores sonrosadas uno de los primeros heraldos de la primavera.

Nombres y variedades


Aunque hay muchas variedades diferentes, aquí solo distinguiremos las dos principales, el almendro amargo y el almendro dulce. El primero da todas sus almendras amargas, en el segundo solo se encuentra una muy pequeña proporción de amargas y el resto son las almendras dulces que utilizamos habitualmente. El almendro amargo se usa habitualmente por su mayor vigor como portainjertos del dulce.

Historia y tradiciones

“El almendro juega un papel bastante importante en los cuentos populares, en las leyendas mitológicas y en las costumbres de boda. Las almendras reemplazan generalmente a las nueces y avellanas en las ceremonias nupciales de los checos. En los cuentos populares de Casentino y otros países, la almendra reemplaza a la avellana o la nuez encantada, que oculta algún tesoro maravilloso”. A. de Gubernatis

Sus orígenes, mitológicos fueron largamente explicados en la antigua Grecia, donde algunas versiones aseguraban que cuando Filis murió por amor fue transformada en un almendro. Otras cuentan en cambio que cuando Cibeles enterró a Io, la hija del rey Midas, de su tumba brotó un almendro. Y por fin otra leyenda cuenta que Zeus eyaculó durante un sueño y de su semen caído en la tierra, nació Agdistis, un ser hermafrodita al que los demás dioses castraron por envidia. De su miembro cortado brotó un almendro y la hija del dios-río Sangario tomó una almendra del árbol y la puso en su seno. Quedó entonces embarazada y tuvo a Atis, cuyo nombre frigio significa ‘macho cabrío’, pero también ‘el bello’. Atis fue criado y alimentado por un macho cabrío y cuando se hizo mayor Agdistis se enamoró de él. Las diferentes versiones que a su vez narran ésta historia, terminan en tragedia. Atis se castra bajo un pino y muere. De su sangre surgirán las violetas y Agdistis instituirá en su memoria una cofradía sacerdotal y una fiesta.

La mitología judía en torno al almendro es extraordinariamente rica. ‘Luz’, tal como suena en castellano es por una extraordinaria coincidencia el nombre hebreo de éste árbol y de su fruto; y por la base de un almendro se penetra en la ‘Ciudad de Luz’, una mágica morada de inmortalidad. El candelabro que manda hacer Yavé, tiene “cálices a modo de flores de almendro”. Parece hecho a imagen del árbol florido, en su momento más radiante y luminoso.

“Según la tradición oral de los esenios, que difiere en muchos aspectos de la información contenida en el Éxodo, Moisés era hijo de la hija del faraón, no engendrado sino originado de una almendra que un ángel de Jehová, Dios de Israel, le entregara secretamente en On-Heliópolis. El faraón envió asesinos para matar al niño, cuyo nombre real era Osarshiph, pero la partera israelita lo ocultó en el cesto de cosechar y lo confió a las aguas del Nilo. Josechebed, esposa de Amram, pastor de Goshen, lo encontró entre los juncos, lo llamó Moisés, que significa “sacado”, y lo llevó a su casa. En su juventud Moisés regresó a On-Heliópolis y con una maravillosa demostración de fuerza e inteligencia atrajo la atención de su abuelo el faraón, que ignoraba su identidad. Luego Moisés hizo la guerra contra los etíopes para el faraón; pero cuando las multitudes lo aclamaron, el faraón, celoso, trató de matarlo. Entonces, por orden de Jehová, Moisés provocó las diez plagas de Egipto, usando su vara mágica de almendro y rescató al pueblo elegido de Jehová de su cruel servidumbre en Pelusia”. (Robert Graves- King Jesús)

Es sin embargo la vara de Arón la que muchos siglos después de la génesis de la leyenda, continúa subyugando nuestra imaginación. No manifiesta el poder del báculo de Moisés, pero sí la vida y la belleza que brotan de un simple palo y señalan su elección para el sacerdocio:

Habló Yavé a Moisés, diciéndole: “Habla a los hijos de Israel y haz que te entreguen una vara cada uno de los príncipes de la casa patriarcal, una por cada una de las casas patriarcales, y escribe en cada una el nombre de una de ellas. El nombre de Arón lo escribirás en la vara de Leví, pues cada vara ha de llevar el nombre del cabeza de cada casa patriarcal. Ponlas todas en el tabernáculo, delante del testimonio, desde el cual yo hablo. Florecerá la vara de aquél a quien elija yo, a ver si hago cesar las quejas y murmuraciones de los hijos de Israel contra vosotros”. Habló Moisés a los hijos de Israel y todos sus jefes le entregaron las varas, una por cada casa patriarcal, doce varas; a ellas se unió la vara de Arón, y Moisés las puso todas ante Yavé en el tabernáculo de reunión. Al día siguiente vino Moisés al tabernáculo; la vara de Arón, la de la casa de Leví, había echado brotes, yemas, flores y almendras. (Números 17, 1 a 9)

La tradición islámica verá en la almendra también un símbolo de realización, de la esencia del alma oculta tras una corteza inútil: “Cuando el migrador ha alcanzado la certitud personal, la almendra está madura y la corteza estalla” (Mahmud Shabestari)

Por su parte, el cristianismo, recoge buena parte de éstos sentidos y en las representaciones medievales, la corteza forma una especie de aureola que rodea a las figuras de la Virgen María o Jesús.
Las escuelas místicas han visto en éste fruto el emblema del tesoro, el misterio escondido, que es preciso descubrir. La luz, la sabiduría que es preciso alcanzar para alimentar nuestro espíritu.

Cultivo y reproducción

Prefiere tierras francas, más bien calcáreas y profundas. Sin exceso de humedad. Soporta mal los fríos intensos, especialmente los tardíos en primavera. Antiguamente se ha usado la variedad amarga, sembrada de asiento en las lindes, para formar setos o cercados vivos, muy duraderos en terrenos áridos. Como curiosidad a experimentar, copiamos el sistema de siembra que propone Herrera: Se siembra en octubre y noviembre y hasta febrero en sitios fríos. Antes de sembrarlas se tienen en agua con estiércol 3 o 4 días y otros tantos en agua con miel (que la miel quema mucho) o con leche. Se ponen con la punta hacia abajo, a un palmo de distancia y cuatro dedos de profundidad. Las almendras para fruto también se siembran de asiento, pues de esta manera las raíces profundizan más y aguantan mejor las sequías. Mediante el injerto, se consigue que aquellos árboles que dan fruto amargo lo den dulce. Suele hacerse en primavera, por el sistema de escudete o canutillo para los árboles jóvenes. Sirve como porta injertos de otros Prunus: melocotoneros, ciruelos, albaricoques. Otro sistema de reproducción es el de estaca o barbados que nacen al pie y se arrancan y trasplantan en invierno. Aunque algunos labradores sostienen que éste cultivo no precisa abonado, conviene aportar estiércol bien maduro y mantener cubierto el terreno mediante acolchados, leguminosas, forrajeras o abonos verdes. La poda adecuada, que durante la formación se hace normalmente dejando tres ramas principales y la fecundación de éste árbol (se intercalan para ello pies de variedades diferentes) son importantes para este cultivo. La temprana floración del almendro es una verdadera bendición para las abejas, tan necesitadas en éstas épocas.

La recolección se hace a mano o por vareo, cuando la corteza exterior se abre. Se golpea con cuidado de no dañar a éste árbol sensible a las heridas. Antes de amontonar las almendras, se asolean extendidas para que estén bien secas y no se enmohezcan.

Usos y propiedades

En confitería se usa de mil modos. La almendra molida con azúcar es un postre de origen persa que en al–ándalus se conocía como Faludaj y hoy llamamos mazapán. El aceite de almendras, que se extrae por presión en frío, sirve sobre todo en cosmética, para la preparación de cremas y, perfumado o no, se usa como aceite de masaje. La leche de almendras, se ha usado en cosmética y alimentación, a veces para sustituir otras leches cuando se tienen problemas de asimilación. Pero también se ha usado como condimento para toda clase de platos. Va muy bien con las carnes y es ingrediente esencial de la salsa romescu. Asimismo se usa tradicionalmente en Navarra para hacer la salsa espesa de harina, aceite y almendras, que acompaña los exquisitos guisos navideños de cardo.

Las almendras amargas revisten cierto peligro si se comen en cantidad, aunque su sabor es un buen efecto disuasivo. Se dice que algunas personas especialmente sensibles pueden presentar síntomas graves con sólo ingerir 10 de éstos frutos y pueden morir con 20. Sin embargo se sostiene también desde antiguo, que 4 o 5 almendras amargas, evitan los síntomas de embriaguez aunque se abuse del alcohol.

La madera se usa en ebanistería y torneados, por su dureza y docilidad y por su grano fino que permite obtener buenos acabados. Con la base de su tronco se hacían recios mazos de carpintero.

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